Depresión y ansiedad: ¿Podría el smog ser responsable de estos males?

Sabemos que el smog es responsable de causar problemas respiratorios, y de otras dolencias que tienen su impacto en la salud mental. Investiguemos juntos su injerencia en la depresión y la ansiedad.

Sentirse mal con uno mismo y con el entorno suele ser referido como “ver todo gris”. Esta es una metáfora que da cuenta de un desorden muy importante. Empezamos a desarrollar el pesimismo y lo extrapolamos a todo aspecto de nuestra vida. Pero a veces, la expresión puede devenir en realidad.

(Foto: Canva)

El smog, realmente gris, genera una enorme apatía y malestar inhibiendo los sentidos y entumeciendo nuestra vitalidad. La revista Frontiers in Virtual Reality establece un vínculo entre el color y la naturaleza, mostrando las influencias que tiene sobre nuestra calidad de vida en los distintos ambientes. La gran clave de este estudio publicado por la revista son los murales.

Explosión de colores, imágenes retratadas, son sólo algunas características que el arte callejero puede brindarle a nuestra salud mental. Es importante combatir el smog y su grisáceo color en los centros urbanos.

Depresión y vulnerabilidad de la mano del smog

Existe una tendencia a minimizar los problemas cuando son de índole mental. Pero, el smog afecta nuestro estado de ánimo, como ya fue demostrado por un equipo de investigadores durante un seminario internacional (Breathe Me) en Milán. Es un problema cada vez más común.

(Foto: Canva)

La muestra de personas que tomaron los investigadores fue de casi dos millones cuantificando tanto la contaminación en el aire, como el daño específico en materia de salud mental. Cada microgramo de smog por metro cúbico aumenta en un 13% el riesgo de depresión. Aumenta un 9% en trastornos de ansiedad y un 7% en casos de esquizofrenia. El rango de edad va desde los 30 a los 64 años.

(Foto: Canva)

Por otra parte, mientras más concentración de smog hay en las ciudades, aumenta proporcionalmente la venta de antipsicóticos, antidepresivos y estabilizadores de ánimo. Ni hablar de quienes ya padecen algún trastorno psiquiátrico como la bipolaridad: terminan manifestando episodios mucho más intensos y se ven obligados a la hospitalización.

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