Acceso al agua potable, un desafío para más de 3.000 millones de personas en el mundo

Se trata de personas que habitan mayormente en áreas rurales. La FAO pide un acceso igualitario y un uso racional del agua para garantizar la vida y la producción de alimentos.

Acceso al agua potable
En muchos lugares del planeta acceder al agua es un desafío. (Foto: Tucker Tangeman – Unsplash)

Girar el grifo para obtener agua fresca y cristalina cuando tenemos sed no es un privilegio de todos. La dificultad de acceso al agua potable, y por consiguiente a una vida digna, es un problema para miles de millones de personas en nuestro planeta, sobre todo para aquellas que habitan en zonas rurales donde este recurso es además necesario para la producción de alimentos.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló en un informe publicado este año que 3.200 millones de personas viven actualmente en áreas agrícolas donde hay escasez de agua, y dentro de este número hay 1.200 millones de damnificados que habitan en lugares cuyas limitaciones de acceso al agua suscita grandes desafíos para la agricultura.

Con la publicación de este informe, la FAO advierte que es necesaria una acción urgente para revertir este grave problema. Las estadísticas ponen a la humanidad lejos de alcanzar en 2030 varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, iniciativa impulsada por Naciones Unidas que, entre otras metas, plantea la disponibilidad de agua, su gestión y saneamiento para todos los habitantes del planeta junto con políticas de seguridad alimentaria y hambre cero.

El mundo, con menos agua disponible por persona

Con recursos hídricos limitados y un incremento de la población, las posibilidades de acción son cada vez más limitadas para garantizar el acceso a agua potable a cada persona, por lo que la adecuada gestión del agua será cada vez más necesaria.

Un dato publicado por la FAO que pone sobre la mesa este problema es que los recursos de agua dulce por persona han disminuido en más de un 20% en los últimos 20 años. En América Latina, el agua disponible por persona ha disminuido un 22%, en el sur de Asia un 27% y en África Subsahariana hasta un 41%.

Acceso al agua potable
La disponibilidad de agua dulce disminuye cada vez más en el planeta. (Foto: Pexels)

Por otro lado, el informe destaca que el consumo del agua por persona a nivel mundial es desigual. Por ejemplo, el volumen medio de agua dulce por persona en 2017 fue de unos 43.000 metros cúbicos en Oceanía, mientras que apenas alcanzó los 1000 metros cúbicos por persona en el norte de África y Asia occidental.

A falta de agua, menos alimentos

La falta de acceso al agua dulce compromete también a la producción de alimentos. El 11% de las tierras de cultivo de secano (aquellos lugares donde los cultivos sólo dependen del agua de lluvia) atraviesan períodos de sequías frecuentes, mientras que el 60% de las tierras de cultivo por riego sufren una gran escasez de agua.

Así, la FAO plantea que es necesaria una nueva manera de gestionar los recursos hídricos que esté centrada en garantizar a todos el derecho de acceso a este vital elemento.

La agricultura representa el 70% de las extracciones de agua a nivel mundial, al tiempo que las lluvias comienzan a ser menos frecuentes y sus patrones históricos cambian a tono con el cambio climático global. Debido a esto, la recolección y conservación de agua debería ser una estrategia prioritaria en las áreas de secano, mientras que la administración de agua en cultivos de riego debería hacerse de manera más consciente y sostenible.

Acceso a agua potable
La agricultura utiliza un altísimo porcentaje de los recursos hídricos. (Foto: Süleyman Şahan – Pexels)

Por otro lado, el organismo especializado también advierte que el riego debería estar apoyado en nuevas tecnologías, junto con nuevas prácticas agronómicas que incluyan cultivos tolerables a sequías y la incorporación de derechos y cuotas de agua que permitan un acceso equitativo y sostenible a este recurso.

Para la FAO, el agua debe ser un bien económico al que se le asigne un valor y un precio, ya que muchos usuarios la tratan como un bien gratuito que crea fallas y carencias. Ponerle un precio, señalan, sería una señal para que sea utilizada de una manera más eficiente, tanto en su uso doméstico como industrial.

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